Escribir es un acto malabarista.

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La sutil historia del dolor de madrugada que trastoca los oídos y destroza los corazones ajenos. La inminente preocupación de una persona que ve a su hija en un grito. Cuando nos enfermamos nos sale lo animal. Las garras brotan y los colmillos se afilan. Caminamos en cuatro patas y la espalda se expande hasta formar un arco animoso y ágil. El dolor nos exige aullar. Rascarnos. Rasguñar. Pegarnos a nosotros mismos y olvidarnos de respirar a lo yoga vibes para agitar cada exhalación. Es el enojo de sentirnos mal lo que quizá nos da un sentido en esos momentos guturales. Es la ira por temer que hemos perdido nuestra voluntad. Extraño ver a mi hija saliendo de la escuela, con su jumper de gimnasia y su mochila, y que me cuente que una amiga le dejó de hablar y se fue con otra. Extraño su sonrisa al comer algo rico, una pizza, un helado, una pasta. Su emoción al brincar en los brincolines de chuck and cheese’s mientras yo la observo dando marometas en el aire. Extraño oírla cantar en la sala mientras me muestra sus mejores pasos de baile. Extraño que duerma 10 horas seguidas sin despertarse cada dos gritando y sin escucharme. Cálmate. Tómate el jarabe. Respira. No me empujes. No te pegues en los oídos. Trata de dormir. Qué idiota me escucho seguramente ante su dolor. Qué imbécil tan poco empática puedo ser si ser si me lo propongo. Quedan unas noches así, seguramente, inmersos en ese grito. Quedan días de no dormir. Quedan miedos que me persiguen hasta la médula porque en estos momentos de malestar, espero transitorio, me doy cuenta de que soy esclava de ella. Que sin su salud me enfermo. Sin su alegría soy un árbol recién cortado y lanzado a la basura. Nunca me he sentido tan vulnerable como hoy. Nunca he odiado tanto a los médicos como hoy. Nunca he querido que el tiempo pase como hoy. Quizá no sirvo para mamá. Quizá mi umbral de dolor emocional es nulo cuando se trata de ella. Quizá yo también quiero ponerme a gritar y arrancarme la piel y aventarme al piso para dejar de sentir. Quizá solo quiero dormir. 

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